17 de Enero, 2006

Tránsito

Esta es la primera vez que leo una novela de una autora, Connie Willis, de la que no tengo ninguna referencia, sobre un tema que no tengo ni la más remota idea, ni siquiera una vaga opinión.

Si además añadimos que es un libro largo, algo más de mil páginas en esta edición, hay un riesgo considerable :). Pero bueno, que originalmente fuera editado en la colección NOVA y que ahora esté, gracias a Ediciones B, accesible a un precio muy atractivo, bien merecía el intento.

Quizás simplificando demasiado, yo calificaría a la novela de thriller científico.

La doctora Joana Lander, psicóloga cognitiva, está investigando las experiencias cercanas a la muerte (ECM de ahora en adelante). Su trabajo consiste en documentar en el hospital Mercy General los testimonios de personas que han sufrido una ECM. Todos los sujetos describen uno o varios elementos comunes: experiencia extracorporal, un extraño sonido, un túnel, una luz al final, sensación de paz, una revisión de vida, una orden de regreso, etc.

La doctora Lander compite en su enfoque científico con Maurice Mandrake, que aporta una interpretación particular y pseudocientífica en forma de mensajes del otro lado.

Encontrándose en tablas, Joana accede a participar en el proyecto del doctor Richard Wright, neurólogo que intenta, mediante el empleo de drogas psicoactivas, inducir ese tipo de experiencias sin riesgo para el individuo.

El objetivo es estudiar el comportamiento del cerebro en un entorno controlado para poder relacionar lo que experimentan los sujetos con los procesos químicos que se llevan a cabo, con la esperanza de encontrar el componente que hace que el cerebro pueda volver a poner en marcha al organismo tras haber entrado en parada.

La autora ha llevado a cabo una tarea de documentación exquisita, con abundantes detalles y referencias, tanto científicas como históricas y cotidianas (la novela es del 2001), que hace que muchas veces sea imposible distinguir qué es real de lo que es ficción. Un ejemplo de ese nivel de detalle, sin desvelar nada de la trama, podría ser el mismo hospital, casi laberíntico como consecuencia de diversas remodelaciones y ampliaciones, que se convierte en un personaje más, creando una atmósfera única.

Quizás se podría haber llegado al mismo sitio con solo 300 páginas, pero creo que lo importante de Tránsito es el viaje, los secundarios, todas las historias que se entrelazan con la investigación, los errores de los investigadores y lo desconcertante que es tratar de explicar un tema que parece tan ligado a lo sobrenatural. Merece la pena la extensión, sin duda.

Una cita:

  No puedo ver a causa del antifaz, pensó, y trató de quitárselo, pero no lo llevaba puesto. Llevaba sus gafas. Se palpó la frente. No había electrodos en su cabeza, ni auriculares. Se palpó el brazo. No había ninguna intravenosa.
  Estoy en la EMC- pensó-, en el túnel, pero eso tampoco era cierto. No era un túnel. Era un pasillo. ¿Puede ser más específica?, se preguntó en silencio, y miró a su alrededor en la oscuridad.

Anotación por Juan J. Martínez, clasificada en: lecturas.

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