20 de Enero, 2011

The Puppet Masters

Esta no es la primera novela que leo de Robert A. Heinlein (anteriormente Puerta al verano y Forastero en tierra extraña), y me ha venido a confirmar un par de cosas que ya sospechaba: es un escritor tremendamente entretenido y siempre escribe el mismo personaje. En esto último no sé si es porque se describe a si mismo, o es simplemente el tono que emplea en el relato, pero veo muchas similitudes con las otras obras.

La novela, escrita en forma de informe por uno de los protagonistas (no muy formal, casi no es evidente hasta el final del libro), nos cuenta la invasión de nuestro planeta por unos invasores parasitarios, y la guerra posterior que se lleva a cabo. El relato nos llega desde el punto de vista de Elihu Nivens (Sam), agente de una organización civil dedicada a operaciones encubiertas y a cargo directamente por el presidente de EE.UU. (de America, claro).

Los invasores son una especie de babosas, que se adhieren a la espalda de los huéspedes justo en la base del cuello, y desde ahí se alimentan y controlan al individuo haciendo uso de todo su conocimiento y habilidades. Esto es importante, porque por sí mismos los invasores no tienen capacidad para hacer nada (sin condiciones especiales, mueren rápidamente), con lo que es importante a quién controlan, sobretodo en los momentos iniciales de la invasión.

Heinlein es un maestro estableciendo unas reglas para el mundo que ha inventado, y dejando a los personajes jugar en él con todas sus consecuencias. Así que, pese a ser fantasía, todo lo que ocurre es coherente con el panteamiento, lo que da más puntos a un space opera trepidante.

El libro fue escrito en el año 51, y la acción se sitúa a principios del siglo 21, y no es ciencia ficción dura, así que están presentes los componentes habituales de la cf fantástica de los años 50: pistolas de rayos, coches voladores, platillos volantes, etc; aunque luego las comunicaciones no son nada avanzadas, lo que resulta algo extraño y tiene cierto efecto interesante en la trama.

En el contexto histórico del escritor también hay alguna referencia a la guerra fría, incluso con un capítulo, totalmente prescindible, solo para divagar sobre la invasión en el otro lado del telón de acero, junto a algunas apreciaciones acerca del comunismo. Es solo un pequeño anacronismo en un relato futurista (Heinlein no pudo preveer la caída del comunismo desde su posición en los años 50 :P).

Finalmente comentar que, si leemos el libro en inglés, un diccionario se hace casi indispensable (al menos en mi caso) por el vocabulario empleado. Incluso emplea palabras y expresiones que se popularizaron al comienzo de los años 50 (y sospecho que algunas ya no estarán en uso), y que a veces son importantes para seguir la acción. En este caso el Kindle, que integra un diccionario en la lectura, ha sido muy cómodo.

Me ha gustado mucho la novela y la recomiendo para pasar un buen rato. Una cita:

According to Dr. McIlvaine the titans have no true culture of their own; they are parasitic even in that and merely adapt the culture they find to their own needs. Maybe he assumes too much, but that is what they did in Zone Red. The slugs would have to maintain the basic economic activity of their victims since the slugs themselves would starve if the hosts starved. To be sure, they continued that economy with variations that we would not use [...] but in general farmers stayed farmers, mechanics went on being mechanics, and bankers were still bankers.

Anotación por Juan J. Martínez, clasificada en: lecturas.

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