22 de Agosto, 2004

Sin palabras

Como no hay dos sin tres (Según se mire y Así en la Tierra como en Marte), aquí va otro cuento hiper-corto.

El objetivo de este relato era obtener un cuento corto que pudiera servir como base a un corto, y por debajo de 1000 palabras. Aun con una extensión de menos de la mitad, cometí varios errores que lo invalidaban a tal efecto, como varias interioridades de los personajes imposibles de plasmar en una película (sin unos actores especialmente buenos :P), aunque el cuento en sí me gusta.

Se empleó como guión para un cómic, con ilustraciones de Ruth Miralles, publicado en el fanzine electrónico Alfa Eridiani. Además apareció en Nexus, siempre receptivo a aceptar relatos de corta extensión.

'Sin palabras'

Casi corría por el largo pasillo del hospital. Todo tan blanco, tan limpio, tan aséptico. Nunca le habían gustado los hospitales, aunque sabía que aquel día tenía que llegar.

Se equivocó dos veces de pasillo hasta que encontró a su marido. Estaba sentado mirando al suelo, en una de las sillas empotradas en la pared que poblaban los corredores a intervalos regulares.

  - ¿Por qué no me has llamado antes? - el corazón le iba a saltar del pecho de un momento a otro.

  - Cariño, tenía que estar seguro. No quería asustarte sin necesidad.

  - También es mi hija, ¿recuerdas? Tengo derecho a preocuparme- cogió una gran bocanada de aire, intentando tranquilizarse- ¿Cómo está?

  - Bien, bien- alzó las manos como para protegerse del mal humor de su mujer. Llevaba semanas muy irascible, como presintiendo que el día se acercaba-. Hay un psicólogo con ella- indicó la puerta contigua con la cabeza-. La traje en cuanto me llamaron del colegio.

Se detuvo con la mano en el picaporte.

  - ¿No vienes?

  - Mejor no. Los médicos han dicho que por ahora es conveniente que no intente hablar con los dos a la vez.

Se quedó solo, con la mirada perdida. El sistema de ventilación zumbaba sobre su cabeza. La brisa acariciaba su rostro. Como les gustaba pasear por aquel bosque en otoño, con sus pies siempre semi enterrados por una capa de hojas crugientes. La luz se filtraba entre los árboles a rachas irregulares, obedeciendo el capricho del viento que mecía las ramas apenas pobladas con hojas. Pero algo no estaba bien. ¿Y los pájaros? ¿Y el ruido? Los bosques tiene ruido, su sonido característico.

Ese silencio no era normal.

  - Papá- sonó la voz de Marta dentro de su cabeza.

Se giró y allí estaba la niña, con la cara muy pálida, sin expresión alguna. Todo tenía ahora un aspecto extrañamente sobrenatural, como en un mal sueño.

  - No me tengas miedo, aun os quiero. Ya no soy como vosotros, pero os quiero.

Quiso hablar, pero las palabras no salieron de sus labios. Notó como sus ojos se inundaban de lágrimas.

  - Cariño- lo sacudió suavemente-. Despierta.

  - ¿Eh? - miró a izquierda y derecha, como buscando algo. Solo el pasillo del hospital.

  - Me ha preguntado si iremos hoy al bosque. No he sabido que contestarle. Aún tendrá que estar aquí unos días, ¿no?

  - No lo se. Habrá que preguntar- suspiró.

  - ¿Por qué lloras? No es tan terrible- recogió con cariño una lágrima que caía por su mejilla-. Todo va a seguir igual que siempre. Mucha gente tiene hijos telépatas.

Se le quedó mirando fijamente. Seguramente tenía razón. Miró hacia arriba, ¿y la ventilación? Ese silencio...

  - Tranquilos, no os va a pasar nada - oyeron a Marta dentro de sus mentes cuando tocaba sutilmente cada punto, cada fibra, cada parte de su ser.

Anotación por Juan J. Martínez.

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