21 de Abril, 2007

Los propios dioses

El título del libro es una referencia a la famosa cita de Friedrich Schiller: Mit der Dummheit kämpfen Götter selbst vergebens, y es una novela que recibió los tres premios más prestigiosos de la ciencia ficción: Hugo, Locus y Nébula. No en vano es, probablemente, el mejor libro que he leído de Isaac Asimov, por delante de la trilogía original de las fundaciones.

Como ya me pasó con El fin de la Eternidad, me encontré una edición de bolsillo, paseando por una librería aquí en Bilbao, y no me pude resistir.

No he consumido casi nada de ciencia ficción dura, y no creo que esta novela encaje muy bien, pero dado que mis conocimientos de física están limitados a lo que estudié en bachiller, hay algunos párrafos que requieren de varias lecturas, e incluso un esfuerzo para a entender lo que están hablando los personajes.

No digo con esto que sea una obra innaccesible, pero me ha sorprendido (y más viniendo de Asimov, que destaca más bien por presentar planteamientos quizás menos científicos).

La historia consta de tres partes bien diferenciadas, que según acababa la tercera, iba imaginando que se escribieron por separado, o como cuentos independientes, y tras investigar un poco he encontrado que se publicaron en revistas como tres episodios, como ya ocurriera con gran parte de la saga de las fundaciones.

Esto es bueno, siendo Asimov y conociendo el resultado, y quizás es malo. Ya lo he comentado otras veces: puede que no nos gusten todas las partes por igual.

En mi caso el comienzo de la segunda parte fue algo duro, porque se trata de un cambio radical, incluso de universo, y resulta difícil tener paciencia para el ritmo tan dosificado con el que el autor nos va propocionando información. Cuando empezamos a ver que hay un sentido, es sin duda la parte más brillante, y como dice el propio autor al respecto, la que le hace sentir más orgulloso de todo lo que ha escrito.

En las dos primeras partes la novela cuenta en retrospectiva, y desde el punto de vista de dos universos diferentes, el descubrimiento de una fuente de energía limpia y económica que permite a dos mundos obtener recursos virtualmente ilimitados gracias al intercambio de materia y a las diferentes leyes que gobiernan cada una de las realidades.

La tercera parte es el desenlace de las consecuencias que se derivan de de ese intercambio de electrones y positrones, y no quiero contar nada porque merece la pena leer el libro :).

Los personajes son interesantes aunque, como a veces es defecto de este autor, quedan algo desdibujados para mi gusto, pese a que los diálogos son lo mejor cuando leemos a Asimov, con lo que si nos gusta... no hay problema.

Me ha hecho mucha gracia la tercera parte, que acontece en la Luna, en la que un terráqueo (que no terrestre, por lo mismo que los selenitas no son lunáticos, muy ocurrente :D) se relaciona con una selenita que me ha recordado mucho a una amiga de por aquí y, aunque esto no es la Luna, yo sí soy un poco inmi ;).

Una cita:

  ¡Oh! ¡Por el sol y todas las estrellas! No era 'desaparecer'. ¿Por qué usar aquella palabra con tanta solemnidad? Conocía la otra palabra que sólo a veces usaban los niños cuando querían provocar a sus mayores. Era morir. Tenía que prepararse para morir sin miedo, y que Dua y Tritt muriesen con él.
  Y no sabía cómo hacerlo... No sin la fusión...

Anotación por Juan J. Martínez, clasificada en: lecturas.

Hay 1 comentario

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tendre que leerlo entonces! gracias por el apunte...

por Wu, en 2007-04-21 12:09:02

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