22 de Agosto, 2005

La fiebre del heno

La presentación de esta edición de La fiebre del heno de Punto de Lectura, en su colección de ciencia ficción, intenta justificar dicha clasificación de esta obra de Lem. La argumentación es artificial, y creo que los motivos están bastante claros, aunque el editor intente distraernos.

Esta novela encaja a la perfeción en el género policiaco, y además creo que solo aguanta fielmente esa etiqueta. Me regalaron el libro por ser una obra de Lem, y además estar en una colección de ciencia ficción, así que ese fue el motivo por el cual se realizó la compra, y esa y no otra es la jutificación para incluir la obra en una colección de ciencia ficción. ¿Tanto vende la ciencia ficción? ¿O será que Lem es más vendible en ese género? No lo sé, pero si me equivoco y la decisión del editor fue honesta, mis disculpas. Todos nos podemos equivocar :D.

Lem es un escritor difícil. Cualquiera que haya leído Solaris lo sabe, y yo además no pude terminar Edén, así que me enfrentaba a esta novela con un poco de temor. Al final mis miedos estaban justificados.

Staninslav Lem es un fanático del detalle y la descripción, lo que es su mejor virtud y su peor defecto. En este caso, La fiebre..., no consta de una estructura convencional: no hay capítulos. O si los hay son tres, de longitud desigual, con dificultad para encontrar un punto para dejar la lectura para continuar en otro momento. Esto en una novela de casi 240 páginas me parece un inconveniente. No facilita la lectura, desde luego.

Pese a todo, y gracias a que aún me quedaban vacaciones y que le he podido dedicar el tiempo necesario al libro y sus abundantes detalles, he disfrutado mucho con la compleja historia.

Un ex-astronauta relegado a la reserva debido a padecer una alergia (la fiebre del heno) se ve involucrado en una investigación como detective y señuelo para intentar esclarecer 11 muertes en condiciones extrañas, todas en Nápoles, en las que los puntos de unión son elementos aparentemente casuales que no llegan nunca a explicar nada.

Todo empieza con la reconstrucción de uno de los casos, interpretando el protagonista todos los pasos realizados por la víctima, con la esperanza de activar, o más bien tropezar, con el mecanismo que le llevó, como a los otros casos, a experimentar un ataque de locura progresiva con posterior suicidio íntimamente relacionado con su personalidad.

Se trata de un puzzle con mucha buena química en la que la clave reside en la probabilidad y los caprichos de la casualidad y la causalidad. Sin ser un amante del género, me lo he pasado muy bien con la lectura de esta obra de Lem (que me ha servido también para confirmar mis sospechas sobre el escritor polaco :P).

Una cita:

  [...] Cuando la mujer fue a limpiar su habitación, vio en la pared una frase escrita con tinta china: "Aquí me han matado". La tinta china había penetrado tanto en la argamasa que no podía borrarse y hubo que pintar la pared, por lo que la dueña de la pensión puso una denuncia contra su ex-huésped. Mientras tanto, Titz, que se dirigía a Milán, se lanzó a toda la velocidad hacia la izquierda en un tramo recto de la autopista, pasó sobre la franja de césped y continuó por el carril de dirección contraria, sin antender las señales de luces y claxon de los coches que circulaban hacia él. [...]

Anotación por Juan J. Martínez, clasificada en: lecturas.

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