26 de Noviembre, 2005

Fronteras del Infinito

He vuelto a probar con Lois McMaster Bujold, después del trepidante El aprendiz de guerrero, y no ha estado mal en conjunto.

Este Fronteras del Infinito en realidad no es una novela, sino tres cortas que vienen unidas gracias al pegamento de una trama de intriga política, sencilla pero efectiva, que mediante cuatro capítulos permite enlazar las tres historias.

En Las montañas de la aflicción, Miles Vorkosigan es enviado por su padre, el conde Vor, a resolver un crimen en una región desfavorecida en los dominios de su condado.

Esta primera historia es interesante, pero sin duda la más floja, con un componente quizás de novela policiaca. Es un claro ejemplo como el carisma de un solo personaje puede salvar una historia que, sin ser mala, tampoco es muy atractiva. En este caso el ingenio de Miles tiene que hacer frente a prejuicios fruto de superticiones y costumbres ancestrales.

En Laberinto los mercenarios Dendarii se disponen a rescatar a un científico que decide desertar del planeta Jackson's Whole, con un sistema económico bastante particular regido por las fricciones entre casas mafiosas. El rescate se complica por algunos factores, que mejor no desvelo por aquí. Esta historia sí cuenta con una buena dosis de acción y aventura, con el transfondo de las modificaciones genéticas y los mutantes artificiales.

En Fronteras del Infinito, que da nombre al libro, Miles entra preso en una cárcel aparentemente perfecta, tanto física como psicológicamente. No quiero desvelar nada más del argumento esta última historia porque le quitaría la gracia al relato.

Es acertado haber elegido la última novela para dar nombre al libro, porque es sin duda la mejor, por desarrollo, planteamiento y desenlace.

Aún con el resultado final aceptable, este libro es una obra menor, me temo. Ni mucho menos está a la altura, en cuanto a satisfacción en mi caso, que El aprendiz de guerrero. No obstante, es muy recomendable si ya disfrutamos con las aventuras de Miles y su ejercito de mercenarios.

Una cita de la última historia:

El golpe en los riñones dejó el final de su frase en el aire: Miles casi se mordió la lengua. Cayó, y mientras caía soltó la manta, la taza y aterrizó en el suelo. Una patada con el pie desnudo, por suerte sin botas de combate... degún las leyes de la física de Newton el pie de su atacante debía dolerle tanto como la espalda le dolía a él. Me alegro. Muy bien. Tal vez se rompan los nudillos con los golpes...

Anotación por Juan J. Martínez, clasificada en: lecturas.

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