10 de Marzo, 2006

Fragmentos de honor

Esta vez es cierto eso que dicen de que no hay dos sin tres, después de El aprendiz de guerrero y Fronteras del Infinito, he vuelto con Lois McMaster Bujold y Fragmentos de honor, cuyos peores defectos están en la portada de esta edición de bolsillo (La aventura de los padres de Miles Vorkosigan y La historia de un romance inevitable...).

Creo que es la novela más floja de las tres, y eso que Fronteras del Infinito no era exactamente una novela.

Pero no quiero ser injusto. El estilo narrativo es el mismo, Bujold es una maestra en esto del space opera, que viene a ser el subgénero dentro de la ciencia ficción que se encarga de la novela de aventura. El ritmo y la forma de contar las cosas no nos va a decepcionar: es trepidante, y el libro se hace muy corto.

Otra cosa es la trama principal, que se centra en el romance entre Cordelia Naismith, oficial Betana, y Aral Vorkosigan, oficial de Barrayar; los padres de Miles Vorkosigan, protagonista de las otras dos novelas que mencionaba más arriba. Esta historia de amor se desarrolla en medio de una guerra, o más bien una intriga política de primer orden que decidirá el destino, no solo de los personajes principales, sino del mismo mundo de Barrayar.

Ninguno de los personajes tiene el componente de ironía, de humor, que hace tan interesante a Miles. En general creo que ha faltado ese ingrediente carismático, que quizás hubiera dado un poco de sabor a la relación de Cordelia y Aral, que queda algo sosa para mi gusto, pese al entorno épico de la guerra de Barrayar contra Escobar.

Quizás la nota de la aventura de los padres de Miles Vorkosigan en la portada funciona demasiado bien y puede llevarnos a crear falsas espectativas. El libro me ha gustado, consigue a la perfección introducirnos en la sociedad de Barrayar y describe con mucho acierto las tragedias de la guerra y lo frágil que es la vida. Lo recomiendo, pero para leer preferiblemente antes que El aprendiz de guerrero.

Una cita:

  Más tarde, acostada en la oscuridad de la habitación de Vorkosigan, en la casa del conde, Cordelia recordó algo.
  -¿Qué le dijiste de mí al emperador?
  Él se agitó junto a ella, y le cubrió tiernamente el hombro desnudo con la sábana.
  -¿Mm? Oh, eso- vaciló-. Ezar me estuvo preguntando por ti, en nuestra discusión acerca de Escobar. [...] Él quiso saber qué vi en ti. Le dije...- hizo una pausa, y luego continuó, casi tímidamente-, que vertías honor a tu alrededor, como una fuente.
  -Qué extraño. No me siento llena de honor, ni de nada más, excepto tal vez confusión.
  -Por supuesto que no. Las fuentes no se quedan nada para sí mismas.

Anotación por Juan J. Martínez, clasificada en: lecturas.

Hay 1 comentario

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Pues yo sólo he leído fragmentos de honor. Me quedé con ganas de más. A ver si consigo los otros dos libros. :)

por corsaria, en 2006-03-12 10:04:49

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