21 de Enero, 2007

El libro del día del juicio final

Esta es la segunda novela que tengo el placer de leer de Connie Willis, la anterior fue Tránsito; y digo placer porque tiene todos los elementos que ya destaqué en aquella ocasión.

Mi descubrimiento de Willis fue accidental, pero en este caso el triplete avalaba a la obra (premio Nébula '92, premio Hugo '93, premio Locus 93). Tampoco significa un éxito seguro, solo que fue la mejor novela publicada en el año 1992. Personalmente no tengo ninguna duda de ello.

Lo que más destaca en primera instancia es la labor de investigación y documentación, que nos sitúa en la Inglaterra del siglo XIV a la perfección, con todo su realismo y crudeza, incluso quizás demasiado. Después, ese entorno tan cuidado, se completa con unos personajes veraces y un nivel de suspense y tensión sublime. Si clasifiqué a Tránsito como de thriller científico, en este caso se consigue con la Historia (en mayúsculas).

Partimos en el futuro, en el año 2054. Los viajes en el tiempo son posibles y se emplean de una forma académica para conocer nuestro pasado. Es decir, los historiadores tienen la oportunidad, bajo ciertas condiciones, de desplazarse en persona a la época que quieren documentar.

Aunque explicado tan rápidamente parece sencillo, no lo es en absoluto, y Willis propone un funcionamiento, de lo que ella llama la red, con unas reglas un poco caprichosas y que todavía no se sabe con certeza porqué son así.

La acción discurre en dos épocas: el presente del siglo XXI y el pasado del siglo XIV, y voy a hacer lo posible por no desvelar ningún detalle, porque me gustaría que cualquiera que leyera la novela disfrutara tanto como yo descubriendo lo que nos propone la escritora.

El siglo XIV está restringido por ser peligroso: un cambio climático conocido como la pequeña edad de hielo lleva una hambruna a Europa que mata a millones de personas, comienza la guerra de los 100 años, el cisma de occidente, la peste negra eliminó a un tercio de la población de Europa; pero se calcula un periodo de tiempo seguro para la visita, en el año 1320.

En el contexto de la competencia entre investigadores, se realiza un lanzamiento de una historiadora a ese año, sin tomar todas las precauciones posibles, resultando en un pequeño desastre debido a una epidemia vírica en el presente, que llega a tomar un paralelismo siniestro con lo que le toca vivir a Kivrin, la protagonista principal de la historia en el pasado.

No quiero arriesgarme a contar más del argumento, aunque imagino que si se investiga un poco o si se tienen conocimientos de historia el título de la novela ya revela mucho acerca de la historia.

Es indiscutible que las condiciones de vida del siglo XIV distan mucho de ser las que conocemos en nuestro tiempo y, por extensión, las que Willis nos muestra en su siglo XXI, pero aún así la aventura de Kivrin es muy cruda mostrando el sufrimiento y la impotencia del ser humano ante las cosas que no comprende y no puede superar. La clave creo que está en que la autora se apoya en el relato de un personaje que más o menos podemos considerar contemporáneo nuestro, y que hace fácil sentirse en su piel.

El resto de personajes, en ambas épocas, son brillantes, y estoy seguro de que por eso funciona la novela. No podemos entender la situación de Kivrin si nosotros mismos como lectores no establecemos algún tipo de lazo afectivo con los personajes que se encuentra.

Por último comentar que me ha tenido en vilo las últimas 200 páginas (la novela son unas 700), porque en Tránsito ya pude ver como la autora no tiene pudor por dejarnos sin un final feliz.

Una cita, de una cita del libro:

Enterré con mis propias manos a cinco hijos en una sola tumba... No hubo campanas. Ni lágrimas. Esto es el fin del mundo - Agniola di Trua (Siena, 1347)

Anotación por Juan J. Martínez, clasificada en: lecturas.

Hay 4 comentarios

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Tiene buena pinta, y te ha tenido muy enganchado... ¿cuánto tiempo?

Veremos en cuánto tiempo me lo leo yo
:D

por Carmen, en 2007-01-22 00:49:49

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La verdad es que esta mujer escribe muy adictivo, algo parecido me pasó con Tránsito. En aquella novela la ambientación (un hospital universitario) era tan importante que actuaba como un personaje. En este caso ocurre lo mismo con el contexto histórico.

Un libro muy recomenable, ya estoy pensando en el siguiente que voy a leer de Willis (Por no hablar del perro, muy probablemente).

por Juanjo, en 2007-01-22 09:19:22

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Menos mal que no se relata una propagación de peste por ataques aracnofóbicos ;-)

por Loretahur, en 2007-01-24 00:27:16

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Si tuviéramos de eso en el piso, sin duda sería muy preocupante :D

por Juanjo, en 2007-01-24 09:17:05

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