12 de Agosto, 2005

El fin de la Eternidad

Isaac Asimov es un escritor muy fácil de leer. Él mismo comentaba en el prólogo de Némesis que había desistido de escribir cómo le gustaría y que simplemente se iba a dedicar a hacer lo que mejor sabía: ser claro.

Quizás fuera coincidencia, pero el citado Némesis es la peor novela que he he leído de este autor ruso nacionalizado norteamericano. Ese era el último libro de Asimov que cayó en mis manos, hasta ahora.

Me encontré de casualidad con este El fin de la Eternidad, y no pude resistir la tentación (dos veces, y dos veces lo he comprado por despiste :P). He contado doce libros de Asimov en mi pequeña biblioteca, así que admito que soy reincidente.

Es un debate bastante recurrente entre los aficionados a la literatura que se encasilla como de ciencia ficción: lo importante es el fondo, siendo la forma un accesorio agradable. No en vano se cita a Hyperion no solo como una obra maestra de la ciencia ficción, sino como una novela que dignifica al género acercándolo a la gran literatura.

No tengo 'la respuesta', por supuesto, y ni mucho menos es el objetivo de esta bitácora hablar de estos temas. Pero me parece buena idea ubicar esta obra de Asimov en un contexto, porque no es ciencia ficción hard ni tampoco una obra maestra de la literatura universal.

Este título trata el tema de los viajes en el tiempo, de una forma que no nos pillará por sorpresa viniendo de Asimov si hemos tenido el placer de disfrutar de su saga de las Fundaciones (a veces llamada Ciclo de Trantor). El copyright de Asimov es del año 55, así que las reminiscencias de la psicohistoria y una organización que vela por la humanidad de forma trascendental no son casualidad (la trilogía data de unos 4 años antes).

Esto no quita tampoco enteros a la historia: paradojas temporales, consecuencias de poder elegir entre múltiples realidades, el llamado efecto mariposa, etc; sin conocer el tema, me parece que se tocan bastantes aspectos de una forma atractiva, similarmente a otras novelas del autor. Me recuerda en cierto modo a El amanecer de los Robots, con detalles propios de novela policiaca, donde no siempre sabemos qué piensan los protagonistas, con los inevitables diálogos (Asimov, claro... o cómo no decir nada y parecer interesante).

La novela me ha gustado y la he leído con mucha facilidad, pese a algún giro brusco, como el que se da al final. No digo que se zarandee al lector sin un motivo, pero cuando todos los detalles encajan (afortunadamente el protagonista, Andrew Harlan, tiene mejor memoria que yo), pilla por sorpresa.

Una cita:

  Aquella fue la verdadera iniciación de Harlan en su carrera de Ejecutor. Después de aquello se convirtió en algo más que un hombre con un emblema rojo. Había manipulado en la Realidad. Había descompuesto aquel mecanismo de un coche durante unos rápidos minutos sustraídos al Siglo 223, y como resultado, un joven no llegó a tiempo para asistir a una conferencia sobre Ingeniería Solar, y un sencillo invento retrasó su aparición en diez años críticos. Aunque parecía extraño, debido a todo ello desapareció de la Realidad una guerra en el 224.º.

Anotación por Juan J. Martínez, clasificada en: lecturas.

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