27 de Julio, 2004

Así en la Tierra como en Marte

Hace una semana ya dejé caer un cuento por aquí (Según se mire). Este que sigue es otro microcuento, o cuento ultracorto, que intenta jugar un poco con la sorpresa rápida y los juicios precipitados del lector. Se resumiría con un nada es lo que parece y quizás un en el fondo las cosas se parecen, o algo así.

También, como el anterior, apareció publicado en el fanzine Nexus.

'Así en la Tierra como en Marte'

- Háganme una descripción los más detallada posible del alienígena. No me gustaría que, de ser tan repulsivo como dicen, notara algo en mi expresión que lo incomodara- dijo el presidente de la nación.

  - Señor, es realmente repulsivo. Aunque no creo que usted sepa comprender sus expresiones, ni por supuesto él las nuestras- contestó el asesor científico.

  - En mi opinión comprende más de lo que aparenta. Debemos estar alerta- añadió el asesor militar.

  - No creo que nos interese mostrarnos hostiles. Nuestros estudios demuestran que resultaría más adecuado ser el presidente que acercó a dos razas que el precursor de la guerra interplanetaria- dijo el asesor político.

El presidente se detuvo y con él la masa de asesores que lo envolvía.

  - ¿Nadie me va a decir sin rodeos cómo es?

Silencio. El asesor científico no tuvo más remedio que hablar por fin, bajo el ceño fruncido del gobernante de la nación más poderosa del planeta.

  - Que nosotros podramos entender... - buscaba las palabras con cuidado-... es difícil decir... es diferente a cualquier ser o cosa que conozcamos. Parece que es incapaz de comunicarse en nuestros términos, porque sabemos que debe poder hacerlo ya que el artefacto en el que llegó demuestra que es inteligente, y los cadáveres de criaturas como él en el lugar del impacto indican que no es un ser único.

  - Por favor, céntrese en su aspecto físico.

  - Es aproximadamente de nuestra altura. Posee lo que parecen extremidades o protuberancias que emplea para desplazarse y manipular objetos. Tiene pelo localizado en ciertas partes del cuerpo. Tiene que verlo, esto es completamente inútil. El poco probable que usted logre reprimir la aversión hacia ese monstruo, y como ya le he dicho esa criatura no se ofenderá porque no se dará cuenta de ello.

  - De acuerdo. Supongo que ya es hora de recibir a nuestro inusual visitante.

Y allí estaba. Hacía dos días que habían concluido que aquel ser era inofensivo, hasta incluso frágil. Quizás en su mundo las cosas fueran distintas, pero la criatura que aguardaba en el centro de la sala no era mas fuerte que un niño. Aunque no fuera un ejemplar adulto, no había forma de comprobarlo. Los cadáveres de sus compañeros estaban tan calcinados que solo después de un minucioso examen se aceptó que el visitante no viajaba solo, así que aportaron poca información.

El presidente se adelantó al grupo quedando solo ante la monstruosidad que había llegado del espacio.

  - Bienvenido.


Aquel individuo que ahora estaba ante él era diferente a todos los que había visto desde el accidente. Quizás no físicamente, pero el resto lo trataba de forma especial.

Consiguió controlarse lo mejor que pudo cuando esa mezcla de insecto y roca viviente posó aquella especie de antenas sobre él. ¿Era un saludo? ¿Volvían a estudiarle? Le acarició con los dedos las antenas, que parecieron moverse sin comprender.

Sus sueños estaban compartidos por sus compañeros desaparecidos y por aquellos seres desde que el cohete se estrellara. Creyó perder la razón, quizás por ser el último superviviente de la expedición en un mundo nuevo, lejos de casa y rodeado de criaturas sacadas de la peor pesadilla. Cerró los ojos para intentar apartar de su mente a los monstruos. Solo quedó el suave roce en sus dedos, ninguna imagen.

De repente todo estuvo claro, todo cobró sentido.

  - Gracias- contestó dirigiéndose a las antenas, con la esperanza de que aquél también comprendiera.

Jeremías Morris. Archivo 132/2015
Primera expedición a Marte

Anotación por Juan J. Martínez.

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